Ir al contenido principal

Entradas

Mostrando entradas de diciembre, 2018

Gotera

Galopante entre puertas y salones, debajo de la luz de los ventanales se disipaba mi alma, como una sombra a las seis de la tarde, de una tarde de invierno.El mero permanecer allí, hacía que se disolviera la soledad de tardes sin lectura, jornadas sin escribir nada con escrúpulos, como un Ícaro cayendo en el mar epónimo, como un anacrónico y desvencijado adiós de puerto en una banca mientras leo las líneas cromáticas de un Monette, que dialoga con sus propias sombras.Entre olor a nardos y gardenias, se mezcla un olor a café que se niega a dejar de ser café en el fondo de mi taza, mientras intento leerme a mi mismo, y encojo mis hombros rememorando aquella noche a cuatro grados bajo cero de infinitas congojas tratando de ser sepultadas entre letras y viejos libros para no soltar hipos de vacío.Afuera la ciudad, besada por una lluvia helada de agua nieve que renuncia a su vocación de nieve, prefiere quedarse así helada, inmisericorde como un catafalco destemplado, mudo y sin sentimiento…
Me niego a ver la luz que entra por la ventana cada día. Me hace sentir un pánico que no tiene par: empezar el día, sin ningun planMe cansa que avance el reloj sin esperanza alguna, que aguijones como minutos me penetren el alma hasta dejarme sin ganas de luchar más.Me cansa salir a escuchar reclamos, ver calles en las que no encuentro lugar donde estar, cafés donde me siento más angustiado aún.Estoy cansado de todo. Sobretodo de mi mismo.De mis exigencias, de mis errores, de mis quebrantos y de no sentirme mejor con todos, ni conmigo.Me he cansado de las instituciones, de los diarios; de los pendientes, del tráfico y de las peluquerías.