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Un encuentro conmigo

Necesito un refugio.
Un espacio donde huir un poco de la rutina, de las malas noticias, de diarios inoportunos remojados de veneno y de gente con más necesidad de tener razón que de fraternizar. Busco un descanso para mi hastío, un silencio para mis silencios y un paréntesis para mis obsesiones.

Un encuentro con mi "yo" olvidado, el que no escucho, por escuchar opiniones ajenas y prejuicios de pasillo; un retiro del ciudadano que soy y un acercamiento al animal puro y sin malicia que llevo en mis adentros. Anhelo un espacio de ceremonias de interior, de tés florales, libros viejos de palabras rebuscadas y comida ligera.

Noches de encuentros profundos con mis ancestros en los sueños, abrazarnos, recibir su sabiduría y Curar juntos el árbol que somos. Noches de escuchar el viento agitar las ramas en lugar de ulular de sirenas y claxones imprudentes de trasnochados en conflicto.

Despertares sin más agenda que pasear por el bosque para respirar el aire perfumado de suelo humedecido y pinos acariciados por las gotas de una neblina densa que abraza al bosque.
Que las píldoras para mejorar el ánimo a tomar sean: libros de Cortázar, vistas al verde infinito que se pierda en la serranía y café de olla con acento de canela para suavizar el alma apesumbrada de tanta ciudad.

Poder orar con los pies tocando el suelo que tiene polvo de estrellas, como mis huesos. Tomar agua con la frescura de las piedras que penetró y que me regalan parte de su alma que es más sabía que mi alma y que han viajado más que yo tal vez.

Necesito ser más yo, y menos habitante de una metrópoli...


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