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Crónica de un adiós frustrado.

Solo caminó durante la tormenta.  Desde lejos lo miraron todos en un silencio indiferente, grosero e insensible, era más fácil pasarlo por debajo de la lupa de su jodida escala de valores que preguntarle qué pasaba. Y al final sus "valores" de nada sirvieron para la lectura y comprensión de los hechos.
Tuvo tiempo de irse de a poco sin que nadie lo notara. Se despidió, nadie lo entendió. 
Pidió ayuda y nadie supo traducir en sus palabras catalogadas de intransigentes e "incapaces" lo que de fondo era una petición de auxilio.
Sus ganas de no dar explicaciones  buscaban ser  escuchadas. No encontró a quién decirle nada. Todos estaban demasiado ocupados en su propia vacuidad. Platicó con faraones, pero fue muy pequeño para sus oídos y no entendieron de fondo su grito de súplica. 

Anterior a que todos se preguntaran: " pero ¿Por qué lo haría? ¿Qué pasaría por su mente?" lo ignoraron.

Pidió ayuda a la luna, ésta lo escuchó, pero no le contestó. La amagó, también lo ignoró. 
Náufrago emocional en un mar de dudas, insatisfacción existencial y de sueños rotos, en un último intento de pedir ayuda buscó al Todopoderoso quién tampoco le respondió desde su eterna generosidad.

Las noches lo vieron consumirse en pensamientos, en sueños en los que siempre volvía al lugar donde le hicieron esa herida que sangraba más que cuando la hicieron.
Un día como a la Una de la tarde, su espíritu lo abandonó. Dejó que su cuerpo siguiera la agenda del día en automático. No hubo licor que le arrancara ese vacío del alma. Nunca hubo una caricia, aunque fuera pagada que supliera las que quedaron inconclusas cuando niño.
No fue un hecho en particular. Fue su vida toda dada al traste, la sumatoria de frustraciones constantes que lo programaron para perderse de sí, y que lo llevaron a decidir mejor largarse.
Y allí quedó, en medio de la nada. En un vacío peor del que dejó. En medio de charlas que pudieron terminar con un abrazo. A punto siempre de todo y que ese todo se convertía en nada.
Allí se dio cuenta que había cometido el peor error de su vida... 

Cuando se viene a donde no se ha llamado, llegar y encontrar una trama en la que no se encaja es peor tormento que el infierno que señalan los recoletos. Una constante historia de rechazos, de estar donde siempre sintió que estuvo de más. Entre "amigos" que nunca los sintió propios. Con una familia que lo trató como a un enemigo. Un clan que había fracasado como clan al dejar solo a uno de los suyos hasta que éste se perdió, y que ahora reclaman no entender por qué ese doloroso adiós.

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