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mi ansiolítico preferido




He sido amiguero, no batallo para relacionarme. Tengo grandes amigos por los que estoy agradecido. Aunque muchos me buscan, siempre me aparto. Sentimientos de incomodidad y de hastío me han dominado a lo largo de mi vida, activándose tras situaciones específicas. Otras de la nada se activaba esa desolación. Con nada lograba sentirme bien, ¡¡¡ Con nada!!! No había algo que me hiciera olvidar  y sentirme bien conmigo mismo solo las charlas con el Señor don alcohol. No necesitaba el consejo de nadie más. Solo mi amigo que me escuchaba sin espetar sermones. El confidente que me veía llorar sin burlarse de mi; solo guardaba respetuoso silencio.

Ese primer trago, ¡un paréntesis en la tormenta! Lo bebía y al instante sentía su ligero descenso por mi esófago: tibio, tranquilizante, balsámico y reconfortante. 

Acostándose en mi estómago, lanzaba una bocanada de vibraciones que llegaban hasta mi sienes y entraban a mí cerebro; lo envolvían en una frasada de olvido zurcida con tramos de sueños rotos; y como un verdadero analgésico opiáceo lograba que sintiera que mi catarsis me dejara de doler. Que ese nudo apretado que tengo en el pecho se aflojara y me dejara respirar. 

Sentía que la vida se volvía buena...


...Despertaba, el infierno allí seguía.

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Los sombreros viajan.

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Mal vendiò su libertad

Ella amaba los vientos, volar por encima de la montaña,
planear por los valles.
pero el colectivo de la media, sin aspiraciones superiores màs allà que reproducirse
como palomas, con miedo hasta de volar sin parvadas, se encargó de que mal entendiera
su libertad. No la soportaban volando sola por los cielos. La querìan enjaulada y sometida.
Y decidieron hacerle creer que estaba sola, que tenìa que tener crìas y someterse a ellas.

Ella solo querìa amar a los vientos con suma libertad.

Y terminò por mal vender su soledad por un plato de algo que le hicieron creer que era cariño;
y que no era màs que desperdicios, una pantomima fútil; una copia mala y aberrante del màs
alto de los sentimientos humanos... y no esa idealizaciòn televisiva que el colectivo impone como modelo de amor aceptado por los viejos de la tribu.

Hoy ya no vuela. De hecho, odia los vientos.

Lograron su cometido. Ahora ya no sabe volar.