Ir al contenido principal

Escribo para espantar mis demonios















Escribo, porque sí.
No me siento escritor, soy escritor. No el más leído, ni el más galardonado, todavía no he publicado como los que se te vienen a la mente al escuchar la palabra "ESCRITOR", pero soy escritor. Amo escribir, soltar lo que traigo adentro del alma, lo que sea. Desde mi sensibilidad pueril, hasta un tratado de dialéctica marxista... que no sé que carajos sea eso, o si realmente exista pero mi mente trastornada me lo dictó, y me gustó decirlo, por eso lo escribí.

Desde niño me ha gustado escribir lo que siento. Nunca lo he publicado y dejé de coleccionar todo lo que escribí. Pero siempre escribo, en mis redes, en algún cuaderno; en notas de mi móvil. Me gusta, lo necesito y de hoy en adelante lo haré. Comunicaré al mundo historias de mi interior, mi catarsis, un anuncio que me haya gustado; lo que tenga que decir sin importar a quién le agrade, quién apruebe o quién desapruebe. Solo escribiré para espantar mis demonios y llegar a otras y otros que sus demonios también los acosen y que a través de las letras encuentren un espacio donde soltar eso que se les anuda en el pecho.

Escribo porque sí.




Comentarios

Entradas populares de este blog

Crónica de un adiós frustrado.

Solo caminó durante la tormenta.  Desde lejos lo miraron todos en un silencio indiferente, grosero e insensible, era más fácil pasarlo por debajo de la lupa de su jodida escala de valores que preguntarle qué pasaba. Y al final sus "valores" de nada sirvieron para la lectura y comprensión de los hechos. Tuvo tiempo de irse de a poco sin que nadie lo notara. Se despidió, nadie lo entendió.  Pidió ayuda y nadie supo traducir en sus palabras catalogadas de intransigentes e "incapaces" lo que de fondo era una petición de auxilio. Sus ganas de no dar explicaciones  buscaban ser  escuchadas. No encontró a quién decirle nada. Todos estaban demasiado ocupados en su propia vacuidad. Platicó con faraones, pero fue muy pequeño para sus oídos y no entendieron de fondo su grito de súplica. 
Anterior a que todos se preguntaran: " pero ¿Por qué lo haría? ¿Qué pasaría por su mente?" lo ignoraron.
Pidió ayuda a la luna, ésta lo escuchó, pero no le contestó. La amagó, tamb…

Los sombreros viajan.

óleo sobre lienzo "el tejedor" derechos reservados a su autor.


Cuando yo era niño, allá por San Francisco del Rincón, mi abuela aún tejía la trenza. Era de las pocas personas que recuerdo que lo hacían. Entrecruzaba las palmas como tejer historias con sus dedos, mientras platicaba con Sanjuana, una señora que vivía enfrente de su banqueta y a un par de casas hacia la derecha. Juntas tejían, cantaban, se contaban chistes, se peleaban y se contentaban en un mismo episodio. Sus manos creaban a partir de palmas secas e hirsutas sombreros que sabrá Dios hasta dónde irían a parar. Siempre me pregunté de manera interna: ¿Hasta dónde viajarán los sombreros?
Un señor me dijo que pueden ir a todo el mundo. Ya lo he constatado.

Los sombreros francorrinconses van por el mundo recogiendo muchos soles, bañándose en otras lluvias, sorteando otros vientos; aunque su creador esté sentado en la plaza comiéndose una paleta de cajeta.
Los sombreros guardan almas. Es posible decir: "ése sombrer…

Mal vendiò su libertad

Ella amaba los vientos, volar por encima de la montaña,
planear por los valles.
pero el colectivo de la media, sin aspiraciones superiores màs allà que reproducirse
como palomas, con miedo hasta de volar sin parvadas, se encargó de que mal entendiera
su libertad. No la soportaban volando sola por los cielos. La querìan enjaulada y sometida.
Y decidieron hacerle creer que estaba sola, que tenìa que tener crìas y someterse a ellas.

Ella solo querìa amar a los vientos con suma libertad.

Y terminò por mal vender su soledad por un plato de algo que le hicieron creer que era cariño;
y que no era màs que desperdicios, una pantomima fútil; una copia mala y aberrante del màs
alto de los sentimientos humanos... y no esa idealizaciòn televisiva que el colectivo impone como modelo de amor aceptado por los viejos de la tribu.

Hoy ya no vuela. De hecho, odia los vientos.

Lograron su cometido. Ahora ya no sabe volar.