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Soy Pablo, mis amigos me llaman el pelao...

Y soy orgullosamente un miembro más de Alcohólicos Anónimos. Me encuentro en tratamiento y recuperación de mi mismo. De la personalidad trastornada que tengo y que me ha llevado a tener comportamientos compulsivos y negativos, ideas obsesionantes y que siempre  me tienen buscando como evadirme...de todo.
Mi enfermedad no es el consumo de alcohol, ni la compulsión por tomar medicamentos para todo y para nada; en particular para "relajarme". Ni siquiera comer en exceso... Todo lo anterior y una extensa lista de dependencias rastreras en el haber solo son síntomas de un mal más profundo: LA PERVERSA ENFERMEDAD DEL ALMA.
Una enfermedad que desde que soy pequeño me ha llevado a sentirme desolado, melancólico, no aceptado, incluso desintegrado al sentirme diferente a los demás y no poderme integrar del todo con el rebaño humano. Nunca estoy conforme, siempre quiero dobles de todo y ni eso me hace sentir satisfecho, ni siquiera lleno y pleno. Siempre sintiendo que algo me hace falta. Que la vida me debe algo, que todos tienen la culpa. En fìn, una retahíla de conmiseración interminable que siempre termina por ahondar el vacío existencial que de por sí, siempre he sentido y me llevaba a buscar alivio a través de múltiples formas. Mi favorita: la evasión a través de la bebida y los ansiolíticos auto recetados.
Crecí en un hogar afectado por el alcoholismo activo de uno de sus miembros. Enfermedad que a todos nos tenía al pendiente más del enfermo que de nuestras propias necesidades. Desde temprana edad se tuvo que suplir responsabilidades para poder vivir y comer de manera modesta. Siempre tuve un desagrado interno, y mucho miedo por el alcoholismo de mi padre y siempre me sentí rechazado por él, por familiares cercanos, y a veces por las personas en general. Desde niño mi mente ya tenía una disfunción que no me permitía sentirme integrado a mi familia, ni a un grupo de amigos. Nunca me sentí parte de algo, en realidad.
Siempre con miedo, siempre inseguro. Siempre sintiendo "que algo malo va a pasar", "estoy feliz seguramente no tarda en pasarme algo malo".
Siempre sintiendo que no merezco las cosas buenas, reforzando la autocrítica cada día. De niño fuí duramente juzgado por mi padre y mi madre, y crónicamente me reprocho, me juzgo, Etc, Etc.
Todo ese sentimiento y comportamientos nocivos, ahora sé que son síntomas de una enfermedad en el alma. Y eso, lo he conocido gracias a que llegué a Alcohólicos Anónimos, donde me han enseñado a entender que el beber es solo el síntoma de males más profundos y que esos males son los que debo de resolver trabajando a nivel espiritual para comenzar a sanar la parte emocional, y las afecciones espirituales que tengo y que me llevaron a una vida ingobernable.
Alcohólicos Anónimos no está en contra de tratamientos profesionales, y mi padrino del programa me sugirió de buena voluntad buscar la ayuda profesional de la psicoterapia para trascender y sanar las afectaciones que se han grabado a nivel del alma.
Algo fundamental, es que estoy sanando ese resentimiento patológico que tenía hacia mis padres, a quienes culpaba de mi enfermedad emocional y hasta de mi vida. El programa de Alcohólicos Anónimos me está enseñado a entender que en mi enfermedad no hay culpables, solo un responsable de mi recuperación: Yo.
Que yo soy Responsable de mi plenamente, por tanto de mi bienestar, físico, material, espiritual y de mi propia vida ¡Nadie más lo es! Por tanto debo aceptar a las personas con lo que pueden dar, sin exigirles a ellas que me quieran como Yo necesito que me quieran.
Gracias a Alcohólicos Anónimos, estoy encontrando un camino diferente al que transitaba, un camino que me lleva a ser consciente de mi propia responsabilidad y de no buscar culpables. Un camino en el que he encontrado mi propia experiencia de un Poder Superior a mi, a quién yo decido llamar Dios, y que me ha permitido sentir su amor a través de mis compañeras y compañeros A.A.
Hoy, estoy además en tratamiento de psicoterapia para curar todo ese veneno que mi mente enferma se ha encargado de esparcir en mi existencia, llevándome hasta a enfrentarme a todos por todo y por nada, a intentar agredirme y a no aceptar lo que es diferente a lo que mi ideación irracional siempre quiere imponer.
Gracias a todos por su tiempo al leer esto que comparto desde el alma y su tolerancia, que tengan todos unas felices 24 horas.

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